Iósif Visariónovich Dzhugashvili, gruzino –Gruzia es el nombre original de Georgia–, más conocido como Stalin y mucho menos conocido como “Koba” (su apodo en la ilegalidad terrorista del Cáucaso), secretario general del Partido Comunista (Bolchevique) de la Unión Soviética durante 30 años, en sus obras teóricas más destacadas como “Cuestiones del leninismo”, “El marxismo y la cuestión nacional” o “Materialismo dialéctico y materialismo histórico”, afirmaba que en la medida en que la nueva formación socio-económica se fortalecía y consolidaba, el imperialismo agudizaba la confrontación con el polo progresista e intentaba imponerse por el uso de la violencia y el terror.
Vladímir Ilich Uliánov, natural de Simbirsk y más conocido como Lenin, en su fundamental “El imperialismo, fase superior del capitalismo” escrito en el invierno de 1916 en el exilio de Zurich, destacaba la inevitabilidad del ascenso de la confrontación política por la redistribución de la plusvalía en los países de alto desarrollo. La vigencia de ese modo de lucha de clases podía conducir en esos países al paso al socialismo en una transición donde las fuerzas progresistas se impusieran sobre el imperialismo arrebatándole el uso de la violencia y estableciendo un nuevo orden mundial más justo, más solidario, más integrador, más “interpretador” del progreso de los medios de producción, estructurando relaciones de producción acordes con la nueva correlación de fuerzas.
En realidad, nada nuevo, tal ha sido la historia de la Humanidad.
Ambos peligrosos subversivos, maximalistas, tuvieron razón. En un siglo ocurrieron dos grandes guerras mundiales, numerosos conflictos bélicos locales, una despiadada guerra fría, centenares de millones de muertos, crisis económicas planetarias pero al final, en nuestros días, asistimos a una gigantesca confrontación entre un bloque unipolar imperialista quebrado y un nuevo orden multipolar conformado por las diversas civilizaciones que habitan la Tierra. Este nuevo orden se impone a las agresiones imperialistas, fortalece los nuevos lazos de cooperación multidisciplinaria entre sus miembros, promueve formas de desarrollo económico no invasivas y, principalmente, sustenta el establecimiento de nuevas relaciones entre los humanos.
Sin embargo, la violencia y la agresión continúan siendo la herramienta con la que el bloque imperialista intenta frenar el avance del multipolarismo. Aun con sus fuerzas mermadas y sus capacidades fracturadas, el imperialismo descarga golpes sobre diferentes frentes con el nuevo mundo. Estas agresiones son cada vez más constreñidas y mucho menos efectivas, rotundas y terminantes que en épocas pasadas. La causa de estas “limitaciones” radica en que el nuevo orden multipolar aprehende con muchísima mayor eficiencia los adelantos de la revolución científico-técnica y, por consiguiente, genera instrumentos (bélicos, económicos o políticos) que imponen su superioridad y obligan al retroceso y cese de la agresión provocada por los centros monopólicos imperiales.
Decenas de países de la llamada “Mayoría Universal” se integran en núcleos como los BRICS o la OCSh (Organización de Cooperación de Shanghai). La gestión de estos polos incidió para que otras organizaciones que no alcanzaban su verdadero nivel de antagonistas con el bloque unipolar, lo hicieran. La ANSEAN, la Unión Africana o incluso nuestra CELAC han abordado nuevas formas de gestión que, a la postre, terminan confluyendo en acciones conjuntas entre todas ellas.
La evidente derrota de la alianza Estados Unidos-Israel en la confrontación con Irán y la debacle de sus posiciones en Medio Oriente, así como la frustrante defección de la OTAN en su enfrentamiento con Rusia son dos ejemplos contundentes que confirman la dialéctica de las grandes transformaciones mundiales.
La gestión de los BRICS está diseñada y se lleva a cabo exactamente en la misma dirección. Con una característica especial: no conforman una organización cerrada. No es el G7. Tampoco se erigen como formadores (manipuladores) de la opinión pública y la conciencia política. No es el grupo Bilderberg. Esta “constelación de civilizaciones”, como calificó a los BRICS el filósofo ruso Alexandr Duguin, en cambio, está en condiciones de fijar las pautas de una coexistencia pacífica entre formaciones socio-económicas antagónicas.
Fijar pautas es una cosa. Obligar a su cumplimentación es otra. Los BRICS (en resumen el 50% del globo terráqueo) están en condiciones de hacerlo instrumentando el vínculo operativo con las demás organizaciones “multi-civilizatorias”. Un vínculo que promueve cambios estructurales en los organismos internacionales que todavía siguen en manos del bloque imperialista. El Consejo de Seguridad de la ONU, los mismos entes de Naciones Unidas como la OMC, la OMS, la UNCTAD, el FMI, el propio Banco Mundial.
En el seno de estas organizaciones, en sus deliberaciones cruzadas, comienza a conformarse el criterio de “seguridad multipolar”. No es, ni más ni menos, que la forma en que el nuevo orden multipolar puede superar y vencer el monopolio de la fuerza por parte del imperialismo. Sobre la base de este criterio se erigirán las nuevas relaciones en la economía internacional, los nuevos entendimientos en el campo político internacional, las nuevas cooperaciones en ciencia y tecnología, los nuevos métodos en materia de política social y previsional.
El caduco orden unipolar exacerba los modos de discriminación y supremacía y profundiza la miseria y desesperanza de sus grandes periferias desprotegidas. En este mundo perimido no hay posibilidad de instaurar sistemas de recompensa social o de equilibrio económico. Las recurrentes crisis que lo azotan se han convertido en una sola estructura, de la que ya no saldrá, salvo para su extinción.
Quien suponga que basta con “sentarse a ver pasar el cadáver del enemigo”, además de no entender la verdadera esencia y dinámica de las grandes transformaciones socioeconómicas del nuevo orden multipolar, además de desconocer el movimiento dialéctico de las sociedades humanas y de no evaluar la verdadera correlación de fuerzas entre ambos bloques, está jugando objetivamente en favor de la preservación del dominio y la explotación por parte de los grandes monopolios unipolares.
Las suplantaciones estructurales nunca son lineales, planas u ordenadas. Su armonía está dada por las manifestaciones de lo que hoy llamamos “Mayoría Universal” y que no son otra cosa, como la definirían los clásicos, que las grandes masas populares, esta vez universales y abigarradas. La integran con sus propias reivindicaciones y finalidades, cada vez más coincidentes dado el inequívoco desarrollo de los medios de producción. La globalización, inicialmente un proceso final del imperialismo ha dado paso a una integración interregional que identifica similitudes productivas, económicas y de gestión adaptándolas a las necesidades integradoras del nuevo orden multipolar. Esa será la armonía futura.
Hace falta interpretar este desarrollo volcando esa interpretación en formas de acción. En campos que ahora se han convertido en fundamentales escenarios de la confrontación antagónica. Ellos evidencian los grandes cambios en los métodos de lucha entre ambos polos de esa confrontación.
En primer lugar, el acceso y uso de los mecanismos de la revolución informática. Todos comprendemos que el dominio de la comunicación se ha convertido en el principal campo de batalla. La ingenua suposición de que la revolución informática impediría la monopolización de los medios de comunicación fue equivalente a suponer que el desenvolvimiento de la revolución científico-tecnológica de por sí significaría superar el monopolio de los grandes grupos económicos. Lo que ha sucedido es que los medios informáticos, al igual que los medios de producción, se han masificado y su aplicación, inclusive por parte de los grandes monopolios mediáticos, requiere la elevación del nivel personal de conocimiento y práctica. Del grado de elevación de ese nivel, según la evidencia, depende la posibilidad de una masiva apropiación de su uso y, por lo tanto, de su eficacia.
Como corresponde a todo proceso dialéctico, existe una paradoja. Por un lado existe la histórica necesidad de los monopolios de calificar a los operadores de los medios de producción, extensible a los medios informáticos. Por otro lado, la elevación de ese nivel permite a la clase trabajadora comprender los procesos económicos y aprehender el significado y conveniencia de los cambios estructurales.
Es, pues, de esencial importancia que el dominio y manejo de los medios informáticos se conviertan en una condición imprescindible para lograr los cambios estructurales. La existencia de sectores herméticos automáticamente permite y facilita la acción de los operadores del bloque unipolar (imperialista). Parten del manejo de mecanismos falsarios (nada nuevo desde Goebbels) para generar estados de ánimo, humores sociales y conciencia política que respalden y acompañen su actividad reaccionaria.
La vigencia de una estructura informática alternativa que asegure el acceso a información verídica y fehaciente es hoy un instrumento capaz de torcer finalidades agresivas del imperialismo. El constante torrente informativo, aunque parcial, de medios alternativos ha logrado desnudar la esencia agresora y violenta del bloque unipolar en Medio Oriente, en Ucrania, en África. Se impuso sobre anteriores campañas de falsedades destinadas a ocultar esa esencia ante la opinión pública mundial. Hoy no es impune planear invasiones y exterminios. Por el contrario, hay que tornar habitual la recepción informática directa desde los países que integran la “Mayoría Universal”, muchas veces desprovistos de voz propia.
Creo que el siguiente paso en el despliegue y uso de los medios informáticos por parte del campo multipolar debe ser la conformación de una red de medios informáticos que interactúen y se interrelacionen metódicamente, con programas consensuados de acción. Hay que consolidar una política comunicacional conjunta de los BRICS, en alianza con la OCSh y el resto de las organizaciones interregionales. En junio de 2012 participé en Moscú de la segunda cumbre mundial multimedia (la primera había sido dos años antes en Beijing), en la que se fijaron pautas y principios para una acción conjunta en contra de la monopolización mediática. Esa cumbre no tuvo continuidad, lamentablemente, dada la falta de organicidad del evento. Creo que es hora de que los BRICS retomen la convocatoria en sus manos y conformen un sistema mediático integrado por los medios informáticos del mundo multipolar.
El CoNaB puede ser promotor de esta iniciativa, aunque la Argentina de momento no sea miembro BRICS. La iniciativa es ecuménica y, por lo tanto, puede abarcar medios informáticos de todo el mundo. El objetivo es lograr una red informática verídica, fehaciente y objetiva. Sería, creo yo, un gran aporte al desarrollo y consolidación del nuevo orden multipolar, absolutamente necesitado de un tratamiento informático acorde con sus objetivos de integración, solidaridad, respeto y cooperación.

