Redacción · Mayo 2026 · Opinión

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Sobre alternativas, argumentos y la tenaz realidad histórica

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El planteo propuesto es presentar a China como alternativa de los EE.UU en la disputa por la hegemonía mundial. Nada más erróneo, malévolo y mistificador.
Hernando Kleimansescribe: Hernando Kleimans

(Tras la lectura de https://www.xuliorios.com/es-china-una-alternativa-a-eeuu-por-xulio-rios)

En principio, se trata de la lucha que llevan los pueblos de la llamada “Mayoría Universal” para suplantar el bloque imperialista unipolar por el nuevo orden multipolar. Una lucha que adquiere, en el análisis dialéctico del desarrollo de la sociedad humana, un claro contenido de clases.

Esa lucha, pese a las variaciones, superaciones y avances de los medios de producción, inducidas por las revoluciones científico-técnicas e informática, sigue ocurriendo generada por el antagonismo universal entre la clase explotadora y la clase trabajadora para replantear la indebida, injusta e inmoral apropiación de la plusvalía generada por la actividad económica mundial, e impuesta por el bloque imperialista unipolar.

Esta definición amerita un detallado estudio que, creo, debería ser parte de nuestras exploraciones ideológicas.

China, Rusia y el resto de los países que impulsan ese nuevo orden y que ya constituyen, efectivamente, la llamada “Mayoría Universal”, tienen como norma de vida el actuar solidariamente en conjunto mediante la gestión de organizaciones regionales de nuevo tipo, como los BRICS o la OCSh. Ellas funcionan cada vez mejor y más coherentes, pese a las normales, inevitables y antiguas contradicciones (por supuesto, heredadas de las dictaduras coloniales) que se presentan entre sus componentes por diversos litigios coyunturales.

El bloque imperialista, liderado por unos Estados Unidos atosigados por la crisis estructural cada vez más profunda, lleva como furgón de cola a la Unión Europea. Cada vez es más evidente e inevitable el enfrentamiento irreconciliable de esa periferia unipolar (sumemos por favor y por ahora a Japón, Australia y Surcorea) que pugna por escapar de esa crisis, con el centro hegemónico.

Cuando se menciona al “ideal europeo”, colocando como algunos de sus pilares “el libre comercio o la lucha contra el cambio climático”, automáticamente se convalidan la absurda, insolente e inservible lista de sanciones impuestas por la UE a Rusia y a quienes comercien con ella, así como la consciente destrucción de la estructura energética europea que estaba basada en el barato gas ruso por caño.

Cuando se destaca (¡!) “el énfasis europeo en la diplomacia y el diálogo como mecanismos para resolver las contradicciones globales”, se oculta el respaldo directo, tangible al régimen nazi de Kíev que perpetra atentado criminales como el bombardeo del colegio en Starobelsk (república rusa de Lugansk), con decenas de chicos asesinados, gracias al respaldo logístico de la inteligencia británica o alemana. ¡Tan similar al salvaje crimen contra las 175 niñas de la escuela iraní de Minab o el holocausto de Gaza!

Cuando se habla de “civilización occidental”, se trata de una estrecha referencia (cada vez más estrecha) al sistema de valores culturales y sociales impuesto por ese centro imperialista dominante con el decidido fin de preservar su absoluta hegemonía sobre el resto del mundo.

El nuevo orden multipolar, ejercido por organizaciones como los BRICS o la OCSh, está basado en principios diametralmente opuestos a las “normas” del bloque imperialista. Políticos, económicos, culturales. Tiene estructuralmente en cuenta la existencia de diversas civilizaciones y por ello puede operar para su interrelación. Basta con leer la reciente declaración conjunta de Putin y Xi (ver portal CoNaB: ...), un verdadero resumen de esos nuevos principios.

En realidad, no se trata de la presumida “exacerbación de la angustia occidental”, sino de la profundización de la alienación de las élites imperialistas con relación al desarrollo de los medios de producción, lo que implica la pérdida de la hegemonía global que detentaba hasta el surgimiento y consolidación del nuevo orden multipolar. Los argumentos esgrimidos acerca de la “conveniencia” china en negociar con la vieja Europa, enmohecida y agotada por la estupidez de sus seudo dirigentes, conforman un intento desesperado por reposicionar la UE, ella sí, como alternativa a la confrontación entre el bloque imperialista unipolar y el nuevo mundo multipolar. En vano. La UE es parte absolutamente integrante de ese bloque imperialista liderado por la elite tecno-imperial estadounidense.

Forzar, como se aduce, una gestión china que le facilite a la UE recuperar sus añoradas posiciones de potencia mundial es desconocer, además de la realidad multipolar basada en consultas permanentes entre todos sus miembros, la sutil conducta secular de la diplomacia china, que negocia para mantener incólumes sus principios liminares: soberanía, autonomía, solidaridad y coexistencia pacífica. Secundada por la no menos dúctil diplomacia rusa, eternamente acaballada entre Oriente y Occidente y, por lo tanto, hecha a la negociación.

Estas argumentaciones tienden a distraer la atención política e ideológica, “extrayéndola” de su militancia revolucionaria en la contradicción antagónica de nuestro tiempo entre el bloque imperialista unipolar y el consolidado nuevo mundo multipolar cuyos principios, lo reitero porque es absolutamente necesario, se expresan en la reciente declaración conjunta de Xi y Putin sobre el nuevo ordenamiento planetario.

La exposición intenta instalar una definición sobre ese nuevo ordenamiento propugnado especialmente por China y Rusia, extrapolándolo con sus propias apreciaciones sobre la política internacional de Beijing. Califica de “desastre” si esa conducta, como se deja entrever en la exposición, “deriva en arrogancia y soberbia” y pretende que “todos deban escucharla y rendirle pleitesía”. Se remonta al reinado del emperador Qianlong, en el siglo XVIII, pontificando que “el abandono de la humildad es el inicio del declive”.

Bueno… Quianlong (1735-1796) fue uno de los más grandes y progresistas gobernantes del imperio chino, curiosamente jaqueado al final por quienes no querían tal cosa, en especial los dichosos europeos que a principios del siglo XIX ya infiltraban la corrupción en gran escala entre los dignatarios chinos. Culminó en las guerras del opio, a mediados de ese siglo, que condujeron al sometimiento de China ante los europeos.

Es curioso que en esa misma época se desencadenara la guerra de Crimea, entre lo que hoy sin duda sería la UE y el imperio ruso. Con el mismo designio imperialista. China tuvo que lidiar hasta mediados del siglo XX a un costo de 20 millones de víctimas, para recuperar su independencia y soberanía. Rusia tuvo que sufrir dos terribles guerras mundiales y una no menos sangrienta guerra civil para lograrlo (en total más de 30 millones de muertos).

Pregunta final: ¿Quién tiene que aprender la “buena lección de la historia”?

No estaría mal que reflexionemos sobre este último interrogante y saquemos conclusiones acerca de las falsas argumentaciones de “sesudos” estudiosos, para poder realmente construir nuestra propia realidad histórica.

* Hernando Kleimans, periodista y presidente del Comité Nacional BRICS (CoNaB).