Redacción · Mayo 2026 · Opinión

<< Volver

Estados Unidos cae en el pozo que cavó para otros

WhatsApp Facebook X Telegram
El mundo entero esperaba que Irán y Estados Unidos firmaran ya el tan ansiado acuerdo. “Es cuestión de horas”, afirmó con audacia Marco Rubio
Viktoria Nikíforovaescribe: Viktoria Nikíforova
Hernando Kleimanstraducción y adaptación: Hernando Kleimans

El mundo entero esperaba que Irán y Estados Unidos firmaran ya el tan ansiado acuerdo. “Es cuestión de horas”, afirmó con audacia Marco Rubio. Pero apenas unas horas después, Donald Trump previno que “los negociadores no deberían apresurarse”, y el proceso volvió a estancarse.

El proceso de paz avanza a paso de tortuga. ¿Quién lo está retrasando? Está claro que no son los iraníes. El país ha sufrido una agresión severa y necesita desesperadamente una paz duradera para comenzar su recuperación. Es simple, Teherán no puede permitirse el lujo de arriesgarse a retrasar el acuerdo mientras espera nuevos ataques.

Además, la información filtrada a los medios muestra que Irán ha logrado ganar el conflicto de plano, al haber conseguido la mayoría de sus demandas. Como mínimo, podrá reanudar el comercio de petróleo y también recibirá el alivio de las sanciones (al menos parcialmente) y la devolución de los activos congelados. Como máximo, podrá continuar legalmente con su programa nuclear. A cambio, Teherán promete abrir el estrecho de Ormuz, lo que implicaría el retorno al statu quo anterior a la agresión estadounidense-israelí. Es evidente que los iraníes han aprendido el consejo empresarial de Donald Trump: “vender al mejor precio posible aquello que ibas a entregar de todos modos”.

El presidente estadounidense había criticado sin piedad el acuerdo con Irán de su predecesor Barack Obama pero, en esencia, hoy se ve obligado a firmar un tratado en términos prácticamente idénticos. ¿Entonces por qué fue necesaria la guerra?, se pregunta el mundo entero.

Cabe destacar que las negociaciones no giran en torno a un tratado de paz, sino únicamente a un memorando de entendimiento. Si se aprueba el documento, las partes cesarán las hostilidades y negociarán durante los próximos dos meses. Sin embargo, incluso la aprobación del memorando se está demorando. Hay dos razones por las que los estadounidenses están actuando con tanta lentitud.

En primer lugar, un acuerdo de paz sería percibido por muchos como una capitulación de Estados Unidos. ¿Y ante quién? Un país pobre y aislado, azotado por las sanciones occidentales. Esto significa que ni las armas económicas como las sanciones ni los portaaviones son armas milagrosas exclusivas de Estados Unidos.

Washington ya no tiene con qué aterrorizar a otros países. Con suficiente solidaridad, unidad y fortaleza, ellos pueden repeler a la antigua potencia hegemónica. Esto significa que ya no hay necesidad de obedecer al policía del mundo.

Las consecuencias de esta revelación serán verdaderamente inimaginables. La magnitud de los cambios venideros es difícil de predecir. No es de extrañar que los estadounidenses no tengan prisa por admitir la derrota.

Otra razón es que Washington aún espera sumir al mundo entero en una crisis global e intentar sacar provecho de ella. Estados Unidos es, de hecho, autosuficiente en hidrocarburos y alimentos, por lo que capear la tormenta económica será difícil, pero no imposible.

La historia reciente demuestra que el dólar se ha fortalecido tras cada crisis global. Esto ocurrió tras la Gran Recesión de 2008 y tras la crisis del coronavirus en 2020. Ahora, la moneda estadounidense se está debilitando a un ritmo récord: se espera que su caída sólo en 2025 sea de alrededor del diez por ciento. El dólar necesita fortalecerse urgentemente, pero ¿esto es realista?

Estados Unidos no puede evitar por completo una crisis global. El aumento vertiginoso de los precios de la gasolina y la creciente inflación podrían provocar un colapso del mercado, lo que augura un panorama sombrío para el dólar, la economía estadounidense y toda la nación.

Sin embargo, Washington no tiene una mejor opción. Por lo tanto, se aferran a un clavo ardiendo y hacen todo lo posible por retrasar el acuerdo con Teherán. Nota: Trump prometió no levantar el bloqueo naval a Teherán hasta obtener condiciones favorables de los iraníes.

Resulta que no es Irán, que permite el paso de petroleros chinos y rusos, quien bloquea el comercio mundial de petróleo. En esencia, son los estadounidenses quienes lo hacen, con la vana esperanza de salvar su economía. Este es precisamente el significado de la frase de Trump: “El tiempo está de nuestro lado”.

Israel también continúa con su estrategia, bombardeando Líbano nuevamente durante el fin de semana y continuando con la anexión silenciosa de territorio. Es evidente que en las relaciones entre Estados Unidos e Israel, la cola mueve al perro. Lo que no está claro es quién es realmente el perro y quién la cola.

El planeta sigue esperando la paz en Ormuz; es una urgente necesidad para prácticamente todos los países. Pero Washington cree que la guerra es más rentable y se rige por el principio de “muere tú hoy, que yo moriré mañana”. Los estadounidenses han llevado a cabo con éxito aventuras sangrientas similares en muchas ocasiones, pero hoy no están en condiciones de albergar ninguna esperanza de éxito.