Redacción · Mayo 2026 · Opinión

<< Volver

El conflicto de Estados Unidos e Israel con Irán obliga a los BRICS a reformar sus instituciones

WhatsApp Facebook X Telegram
Los BRICS se enfrentan a una disyuntiva: seguir siendo un “club de intereses” y perder trascendencia gradualmente, o evolucionar hacia un mecanismo de “respuesta a conflictos”.
Gueorgui Toloraiaescribe: Gueorgui Toloraia
Club “Valdai” (1)

Para mantener su relevancia, los BRICS deberán crear estructuras permanentes de mediación, monitoreo y coordinación en el ámbito de la seguridad. La clave reside en una institucionalización flexible, no orientada hacia una alianza única, sino hacia una estructura multinivel y adaptable, escribe Gueorgui Toloraia, Director Ejecutivo del Comité Nacional de Investigación de los BRICS e Investigador Jefe del Centro de Política Mundial y Análisis Estratégico del Instituto de China y Asia Moderna de la Academia Rusa de Ciencias.

¿Trauma de guerra o discapacidad?

La agresión no provocada de Estados Unidos e Israel contra Irán, que socavó los cimientos del derecho internacional y el orden mundial establecido, se ha convertido en la primera prueba seria de estrés para los BRICS ampliados. La expansión de 2024-2025 (que incluyó a Irán, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía e Indonesia) se considera un éxito histórico en el establecimiento de una plataforma de “mayoría global”, pero también dejó a las instituciones de los BRICS sin preparación para un posible conflicto. La guerra en Oriente Medio ha dividido a los miembros del grupo: dos nuevos participantes (Irán y los Emiratos Árabes Unidos) se encuentran inmersos en un conflicto armado y no existe una posición común entre los BRICS.

Los miembros del grupo estuvieron divididos en la votación de marzo de la ONU sobre la Resolución 2817, dirigida directamente contra Irán. Rusia y China se abstuvieron, mientras que India y los Emiratos Árabes Unidos copatrocinaron la resolución. Brasil adoptó una postura moderada, aunque condenó los ataques contra Irán, al igual que Sudáfrica. Egipto condenó los ataques contra “naciones árabes hermanas”. Etiopía expresó su preocupación principalmente por su seguridad energética. Las consultas de los BRICS en Nueva Delhi (24 de abril de 2026) no lograron acordar una declaración conjunta; solo se publicó un breve resumen del presidente, lo que evidencia la división interna. La reunión de ministros de Asuntos Exteriores de los BRICS en Nueva Delhi, los días 14 y 15 de mayo (la reunión más importante después de la cumbre en el ciclo anual), tampoco logró superar esta división: por primera vez, la declaración final del presidente es un documento sin consenso, que recoge el desacuerdo de varios miembros individuales en diversos puntos (y sabemos cuáles).

Dentro de los BRICS, en la práctica, han surgido tres bloques. El bloque “soberano-legal” (Rusia, China, Brasil y Sudáfrica) condena las acciones de Estados Unidos e Israel, haciendo hincapié en la violación de la soberanía de Irán. El bloque “regional-estratégico” (India, Egipto y Etiopía) está preocupado por su propia seguridad y suministro energético, y por lo tanto apoya las medidas antiiraníes. Irán y los Emiratos Árabes Unidos participan en el conflicto, en el que también está involucrada Arabia Saudita, miembro parcial de los BRICS. La situación no tiene precedentes ya que anteriormente las escaramuzas entre, por ejemplo, China e India, se mantenían en privado y las partes evitaban que sus disputas interfirieran con el avance de los proyectos a largo plazo de los BRICS. También existen conflictos latentes en otros lugares: por ejemplo, Egipto y Etiopía se disputan los recursos hidroeléctricos.

Esta situación ha generado cierta satisfacción en Occidente. Como señala la experta singapurense Nazia Hussain (RSIS), “a los BRICS les resulta más fácil adoptar una retórica reformista que una postura unificada cuando el conflicto amenaza intereses nacionales específicos”. Los principios fundacionales de los BRICS —consenso, respeto a la soberanía y pragmatismo— funcionan en tiempos de paz, pero durante períodos de caos en el orden internacional y conflictos geopolíticos provocan parálisis en la toma de decisiones. Se ha puesto de manifiesto el fallo fundamental del “institucionalismo minimalista” del que los BRICS se enorgullecían —que otorga a los países derechos y beneficios sin obligaciones, flexibilidad sin imposición—, lo cual es precisamente lo que atrae a tantos nuevos “aspirantes” y aspirantes a la membresía.

Consecuencia secundaria de la guerra para los BRICS ha sido la brecha energética y financiera: la escasez de energía beneficia a algunos miembros (incluida Rusia), pero perjudica a la mayoría. Por otro lado, la guerra podría acelerar la desdolarización e impulsar el desarrollo de los sistemas de pago y liquidación propios de los BRICS, uno de los principales objetivos del grupo. El endurecimiento de las sanciones contra Irán y sus aliados ha obligado a los miembros de los BRICS a elegir: arriesgarse a sanciones secundarias o distanciarse de Teherán.

Posibles escenarios de desarrollo de los BRIC

En debates de expertos sobre este tema en Rusia, algunos participantes insisten en un desarrollo basado en el principio del mínimo común denominador, mientras que otros creen que si los BRICS no asumen el papel de una institución de gobernanza global de pleno derecho, el mundo se volverá cada vez más caótico y la existencia de muchos países de la mayoría global será cada vez menos próspera y segura. Como resultado, el grupo podría empezar a perder atractivo e influencia.

Las publicaciones rusas destacan una vía ambiciosa y reformista: transformar los BRICS en una “institución central de la mayoría global” capaz de llenar el vacío de gobernanza global. Este escenario prevé un “fortalecimiento de la agenda” en siete áreas: acuerdos financieros (incluido el sistema “Mariana” como prototipo), gestión de desastres (BRICS Rescue), una nueva agenda climática (BRICS Nature), la creación de BRICS Power (análogo a la AIE), seguridad alimentaria (BRICS Feed), diálogo sobre la aplicación militar de la IA y cooperación en materia de valores y educación. Se desaconseja una mayor expansión, lo cual es comprensible.

Sin embargo, parece que, si bien las líneas de crecimiento se han elegido cuidadosamente y merecen los mayores esfuerzos, existe un alto riesgo de que el trauma de la guerra sufrido por los BRICS complique seriamente su desarrollo positivo. En nuestra opinión, los “BRICS ampliados”, que se expandieron apresuradamente justo antes de la tormenta global, y el grupo de socios en la etapa inicial, se enfrentaron a desafíos de tal magnitud en la etapa inicial que no pueden ignorarse, al igual que no pueden ignorarse escenarios menos favorables:

Primero, la fragmentación de los BRICS (llamémosla “G20-ización”). Esto implicaría su degradación a una mera plataforma de diálogo para diversos grupos de países con intereses divergentes, y la pérdida de relevancia geopolítica del formato. En este caso, las cuestiones políticas y de seguridad ocuparían cada vez menos espacio en la agenda, mientras que temas como el desarrollo económico, el clima y, quizás, el comercio y la cooperación humanitaria, volverían a cobrar protagonismo, como ocurrió al inicio de la formación de la asociación. Podrían surgir dos facciones dentro de los BRICS: una prooccidental y otra “irreconciliable”.

Occidente también está debatiendo la “sinización” de los BRICS. Ante la amenaza de la desintegración del grupo (debido, por ejemplo, al debilitamiento de Rusia, la creciente dependencia de India y otros miembros respecto a Occidente, y la creciente intransigencia de la división geopolítica), China se verá obligada a asumir las funciones de “árbitro” y “garante de la seguridad”, ofreciendo apoyo tecnológico y diplomático a los miembros de los BRICS. La influencia de Rusia y de los demás miembros principales se debilitará entonces, y los BRICS podrían convertirse en un instrumento de la política exterior china, lo que llevaría a algunos integrantes a desertar o a mantener solo una conexión formal con el grupo.

Una opción más realista, en nuestra opinión, es un “BRICS de dos velocidades”, en el que el grupo estaría compuesto por un núcleo (China, Rusia, Irán y otros: el frente antioccidental) y una periferia (India, Brasil, Emiratos Árabes Unidos, Sudáfrica, Egipto y Etiopía), que buscaría diversificar sus políticas de forma oportunista, actuando como “comprador”. Esto implica diferentes direcciones y niveles de integración: el “núcleo” profundiza la cooperación en geopolítica y seguridad (incluyendo elementos técnico-militares), mientras que la periferia participa únicamente en proyectos económicos y humanitarios. Hechos como la “asociación estratégica especial” de India con Israel (febrero de 2026) y la retirada de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP contribuyen precisamente a esta perspectiva.

Naturalmente, todos estos escenarios también afectarán a los países socios de los BRICS, que también elegirán su propio modelo y “subgrupo” sin seguir ningún enfoque unificado.

¿Cómo se puede rectificar esta situación?

Esperemos que la crisis del Golfo Pérsico no sea una sentencia, sino un momento dce la verdad. El comportamiento de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump (incluidas la agresión contra Irán y Venezuela, las amenazas a Cuba, la guerra arancelaria y la presión sobre Sudáfrica para que abandone los BRICS) está impulsando objetivamente al grupo hacia una mayor consolidación, aunque genere un estancamiento a corto plazo. Al mismo tiempo, los BRICS no deben —ni pueden— convertirse en un bloque antioccidental. Esto disminuiría su atractivo para la mayoría global, que no está dispuesta a elegir entre Estados Unidos y China.

Los BRICS se enfrentan a una disyuntiva: seguir siendo un “club de intereses comunes” y perder relevancia gradualmente, o evolucionar hacia un mecanismo de “respuesta a conflictos”. Si el grupo no ofrece un modelo de seguridad alternativo (no necesariamente una alianza militar, sino una plataforma diplomática para la prevención de conflictos), sus miembros menos influyentes y los países socios comenzarán a buscar garantías de Estados Unidos o China individualmente. Los BRICS se convertirán en un club meramente declarativo, con una influencia real que se desplazará hacia las alianzas bilaterales, en un contexto de creciente agresividad por parte de Occidente, si logra (como ya lo ha hecho) superar las contradicciones internas motivadas por el puro instinto de autopreservación (el deseo de prolongar su dominio y explotación).

En otras palabras, para seguir siendo relevantes, los BRICS tendrán que crear estructuras permanentes de mediación, supervisión y coordinación en materia de seguridad. Esto debería ocurrir en un contexto de mayor integración financiera y de pagos (las monedas digitales de los bancos centrales y BRICS Pay podrían cobrar impulso precisamente por el deseo de aislarse de las sanciones al dólar). El sector energético también podría entrar en juego: la retirada de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP podría desencadenar un efecto dominó y una reestructuración del mercado energético. Los BRICS (que incluyen tanto a productores como a consumidores de energía) podrían convertirse en una nueva plataforma para la coordinación energética. La inteligencia artificial y la ciberseguridad, independientemente de Occidente, también podrían servir como medio de consolidación.

Una solución burocrática

El eslabón fundamental que debe comprenderse es la institucionalización flexible, no orientada hacia una alianza única, sino hacia una estructura multinivel y adaptable.

Durante muchos años, el autor ha insistido incansablemente en la urgente necesidad de una institucionalización evolutiva de los BRICS, comenzando con un formato técnico-burocrático para la coordinación, el seguimiento y la preservación de la memoria institucional. Es gratificante que estas ideas también sean bien recibidas por los autores del informe mencionado.

El autor coincide con ellos en que el modelo de “institucionalismo minimalista” ofrecía anteriormente una gran flexibilidad y reducía las barreras de entrada para los nuevos miembros. Sin embargo, se evidencia un problema sistémico: el rechazo a la burocracia genera una falta de continuidad. Cada país presidente define la agenda en función de sus propias prioridades, las decisiones anteriores a menudo quedan en suspenso y la memoria institucional se sustenta en el entusiasmo de los estados individuales (Rusia desempeña actualmente este papel de facto). Con la ampliación de los BRICS a “diez” y la creación de un grupo de “países socios”, el problema se ha vuelto crítico. Es evidente que los nuevos países miembros desconocen la agenda anterior en su totalidad, y algunos carecen de los recursos burocráticos suficientes para llevar a cabo presidencias con cientos de eventos.

¿Qué modalidades podrían emplearse para una institucionalización flexible? El modelo de secretaría técnica distribuida entre los países, propuesto en el informe, parece algo alejado de la realidad y la práctica burocráticas de las estructuras internacionales, con las que el autor está familiarizado por su trabajo en organizaciones internacionales tradicionales. Por lo tanto, la creación de un Secretario General de los BRICS, cuya oficina difícilmente recibirá poderes significativos por parte de los países miembros, y la distribución del personal entre los países, corren el riesgo de convertir esta estructura en una mera fachada.

El autor considera que no tiene sentido reinventar la rueda. ¿No sería mejor, pensando en el futuro, considerar una secretaría compacta compuesta por funcionarios: uno de cada país (D-2, según la clasificación de la ONU) y de niveles inferiores (D-1 o P-5) de cada país socio? También se necesitaría un número determinado de administradores (P-2–P-4)(2), cuya cuota nacional se determinaría mediante una fórmula basada en la población y el PNB per cápita del país (el presupuesto debería basarse en los mismos principios). Asimismo, se preveía la contratación de personal técnico (G1–G7) sin cuotas. Un representante del país presidente sería nombrado jefe de la secretaría por un período de un año. Este representante sería responsable, entre otras cosas, de la comunicación con el gobierno presidente. Es fácil estimar el presupuesto para una organización de este tipo con aproximadamente 40-50 puestos a tiempo completo.

Una sede física sería lo más eficaz, preferiblemente en un lugar relativamente neutral (para fomentar el debate, se podrían considerar Macao o Goa como posibles opciones, dada su distancia de las capitales y la importancia de los países de habla portuguesa para el equilibrio lingüístico). Por supuesto, esto no excluye la posibilidad de contar con representantes de la Secretaría en las capitales, incluso entre sus propios ciudadanos, si el país anfitrión está dispuesto a proporcionar financiación.

  • La Secretaría Técnica tendría funciones muy limitadas:
  • supervisar la implementación de las decisiones, mantener la documentación y preparar informes y recomendaciones para líderes y gobiernos;
  • desarrollar la agenda para reuniones y contactos a nivel político conjuntamente con el país presidente, junto con los materiales de referencia y análisis pertinentes;
  • coordinar, integrar y sincronizar el trabajo de las distintas áreas sectoriales;
  • establecer contactos con organizaciones internacionales, globales y regionales;
  • >Organizar capacitaciones y desarrollo profesional para los países socios y los nuevos miembros, así como para los países y organizaciones denominados provisionalmente miembros del "Club de Amigos de los BRICS".

El cumplimiento de estas funciones dista mucho de transformar a los BRICS en una organización internacional clásica con obligaciones estrictas y órganos supranacionales, lo que debería disipar las sospechas de los países que temen imposiciones externas como las de la UE. Sin embargo, sin un mecanismo de este tipo, es improbable que los BRICS superen la prueba de estrés de la crisis actual, comiencen a desarrollar su propio sistema de gobernanza, establezcan un mecanismo para responder a las crisis, desarrollen, coordinen e implementen una estrategia unificada, y mucho menos que asuman el papel de árbitro global.

(1) El “Club Valdai” es el think tank más prestigioso del universo político ruso. Sus reuniones cuentan con la participación de notables especialistas extranjeros, lo que no se ha reducido por las sanciones occidentales. En sus discusiones participa activamente el propio presidente Vladímir Putin. Aunque las conclusiones de esas deliberaciones no revisten una obligatoria aplicación, es material obligado de lectura y reflexión entre la opinión pública rusa y en el propio Kremlin. (2) Según la clasificación de la ONU, D-2 corresponde a Director General; D-1 corresponde a Director; P-5 corresponde a Personal Superior; P-2 corresponde a Profesional Inicial; P-4 corresponde a Personal Experto o Líderes de proyecto.
* Gueorgui Toloraia,Director Ejecutivo del Comité Nacional de Investigación de los BRICS e Investigador Jefe del Centro de Política Mundial y Análisis Estratégico del Instituto de China y Asia Moderna de la Academia Rusa de Ciencias.